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Notas y observaciones de Richard W. Pound
Conferencia sobre la mujer en el deporte
Montreal, Mayo 17 de 2002
Mercadotecnia femenil y deporte
Ante todo les agradezco su atenta invitación
por haber incluido mi presencia entre ustedes este día.
Me complace muchísimo la celebración de esta
conferencia y con mayor razón, por llevarse a cabo
en Montreal. Además, estoy encantado de participar
dentro del marco de su vasto programa y de poder brindarles
algunas observaciones con respecto a la mercadotecnia.
Se preguntarán si cuento con la competencia
básica para hablar de mercadotecnia, dado mi singular
fracaso mercadotécnico personal el verano pasado,
aunque quizás el potencial relativo que pueda poseer
estribe en mi capacidad para hacer valer y elevar las cualidades
de otras personas o empresas con el fin de hacer más
rentable su producto.
En esta ocasión les propongo arrancar
partiendo de sus expectativas con un enfoque hasta cierto
punto "mercadotécnico", aunque mi meta
no es conseguir plantear la manera de generar millones de
dólares en el deporte femenil.
Quizá el punto de partida en toda
discusión relativa a la mercadotecnia es acudir a
diccionarios que definen la mercadotecnia como el "conjunto
de principios y prácticas que buscan el aumento del
comercio, especialmente de la demanda y estudio de los procedimientos
y recursos empleados para promocionar y vender un producto
o servicio". Al analizar esta definición, encontramos
varios elementos clave: principios y prácticas que
buscan el aumento del comercio; recursos empleados para
promocionar y vender; y productos o servicios. Nos incumbe
no perder de vista ninguno de estos elementos al explorar
el concepto dentro del contexto actual.
Primero, el concepto implica práctica
o acciones. Segundo, abarca la noción del comercio.
Ambos conceptos son importantes. La comercialización
no es pasiva, implica presentar la idea de algo a alguien
más, a alguien a quien quizás haya que convencerle
de que responda en la manera concebida por la persona que
actúa. Envuelve el concepto de negocio, que conlleva
una meta, y que de manera prácticamente invariable
está ligado a la idea de ganancia en rentabilidad
y utilidad futuras. Esto no quiere decir que el objetivo
monetario sea primordial, sin embargo la práctica
o acciones que se desprenden de ello, deben ser objeto de
un designio identificado. Desde luego, es de fundamental
importancia identificar ese designio y proponer los acciones
que conduzcan al propósito buscado.
El tercer elemento es promocionar y vender.
Nuevamente, hago uso del diccionario, y aunque corro el
riesgo de hacerme pasar por un pedante, busco el significado
de "promocionar" que es "elevar, hacer valer,
artículos comerciales, cualidades, personas, empresas,
etc. apoyándose sobre un lenguaje sociológico
o comercial", "motivar al consumidor", "aumentar
el valor de una empresa o producto mediante técnicas
publicitarias con el propósito de dar a conocer o
vender", en otros términos lo que incluye una
campaña publicitaria, y, "principios y prácticas
para organizar tal publicidad. "Vender" implica
"persuadir a alguien sobre los méritos de personas
o empresas y ganar su entusiasmo".
Finalmente, el concepto de producto o servicio.
En este sentido, "producto" responde a la idea
de "resultado de una acción o proceso".
Dentro de este contexto o discusión, el concepto
de "servicio"tal vez quede marginado, aunque encierre
una connotación que pueda extenderse a la "acción
o efecto de servir mediante contribución, función
o prestación".
Debo admitir que estas denotaciones y connotaciones
permanecen abstractas hasta cierto punto. El tema a tratar
exige que estas observaciones se apliquen ahora al contexto
de la posición que ocupa la mujer en el medio del
deporte.
Primero, veamos a qué corresponde
y cómo se explica la pertinencia del tema de la presente
conferencia. Simplemente porque en cierta medida se percibe
una laguna o brecha con respecto a la presencia femenil
en el ámbito del deporte. Hasta cierto punto, se
trata de una observación compartida puesto que corresponde
a un cuestionamiento real. Y dicha percepción corresponde
mucho más de lo que uno pueda imaginar a una realidad
estrictamente anecdótica. Las mujeres no han alcanzado
el grado de reconocimiento, eminencia o importancia que
consideran apropiado o la justa medida que pregona la igualdad
entre los sexos o la importancia que pronosticaría
el análisis numérico relativamente a su posición
dentro de una sociedad democrática. Añádanse
a estos factores la distribución del cociente intelectual,
educación y competencias para que la discrepancia
salga a relucir en todo su esplendor y con toda fuerza.
¿Cuáles son los motivos
que han conducido a esto? Con toda certeza, asistimos a
reminiscencias de carácter atávico que remontan
la época de los cazadores, génesis de muchas
de nuestras sociedades, y que cuando se trata de entrar
en consideraciones determinantes se ve debilitado como factor
de debate. El papel tradicional de la mujer ha sufrido enormes
cambios en la memoria reciente, sin que la mujer haya podido
deshacerse de los obstáculos creados por el hecho
de que se le cargue toda la responsabilidad como progenitora
y educadora de sus hijos debido a su imperante función
biológica. Hoy día, fuera del papel que desempeñan
al procurar las atenciones primordiales a la infancia, participan
en prácticamente cada aspecto de la sociedad moderna
en calidad de trabajadoras, profesionales e incluso de soldadas.
A los hombres que se les interponen haciendo caso omiso
de la demostrada competencia por parte de ellas, y que se
apegan a los dominios o puestos que han venido desarrollando
ellos, les acechan elementos de cambio y desafío.
Nadie concede sus privilegios porque quiere, sobre todo
cuando no existen los méritos que se ganan sirviendo
en tales puestos o dominios. Cuan mayor es la ausencia femenil
en las esferas privilegiadas, mayor resulta la resistencia
a declararse vencidos.
Ahora bien, el análisis es la parte
más fácil de abordar un problema. La dificultad
estriba en resolverlo. Las soluciones no se imponen, mas
la respuesta radica en el cambio de actitud dominante, y
en eso estriba el desafío a la mercadotecnia.
Hará no más de un siglo en
que se le dio nueva vida a los juegos Olímpicos con
el propósito de poner el deporte al servicio de la
sociedad y de dar un acceso universal a la humanidad. La
dificultad que planteó tan admirable objetivo fueron
las trabas inherentes al final del siglo 19. En ese entonces,
los adeptos al deporte eran hombres de alcurnia, caballeros
aficionados con una cierta posición social. La clase
trabajadora y a las mujeres estaban excluidas. Por más
que este concepto nos parezca extraño hoy día,
en ese entonces lo contrario era impensable. Simplemente,
el deporte no pertenecía a la clase trabajadora;
los pocos que hayan participado, lo hacían dentro
del ejercicio de su profesión y no se les permitía
competir con los aficionados, porque su modus vivendi dependía
de los resultados obtenidos; era de esperarse que no podían
competir en un sano espíritu deportivo. Las mujeres
tampoco competían porque no se les consideraba lo
suficientemente fuertes como para compartir actividades
tan propiamente masculinas. Como tampoco se les podía
confiar con asuntos tan importantes como era el voto ya
que a su comprensión escapaban las altas consideraciones
que a este acto convenían.
La sociedad del siglo pasado presenció
cataclismos que escapaban a cualquier experiencia jamás
vivida. Durante las múltiples revoluciones que tuvieron
lugar se democratizó el deporte dando acceso a la
clase trabajadora y a las mujeres, hasta el grado de que
se llegó a creer que el asunto es cuestión
de derechos humanos. Se han derribado obstáculos.
Han surgido sistemas políticos que eran impensables
en 1894. Ahora, las mujeres votan y ocupan puestos importantes
en esferas sociales, profesionales y políticas. Compiten
en los juegos Olímpicos, en deportes que antes fueran
exclusivamente practicados por hombres. Recuerdo una de
mis primeras sesiones en el COI en 1980, cuando se discutía
la cuestión de la participación femenil en
el maratón durante una reunión celebrada por
varones, casi todos mayores de 70 años. Hubo un impulso
a favor de rehusar el que se añadiere el evento al
programa de los Juegos Olímpicos de 1984 que tendrían
lugar en Los Ángeles, California. Dicha decisión
obedecía a que visible y claramente las mujeres carecían
de la fuerza suficiente para soportar tal tipo de evento.
Yo, que entonces era el más joven de todos los miembros
del COI, a pesar de las convenciones que correspondían
a mi rango, que era estar presente pero en perfecto silencio,
insté a los miembros del comité a que no tomaran
esa decisión, y mucho menos que pretendieran rechazar
el evento bajo los motivos expuestos. Pueden existir otras
razones, les dije, como la falta de experiencia en campeonatos
mundiales, e independientemente de lo que decida el COI,
eviten pronunciarse basándose en la idiotez de que
las mujeres no pueden efectuar el recorrido de un maratón.
Siempre pensé que aunque el recorrido del maratón
se cambiara de 26 a 40 millas, una mujer podía salir
tan victoriosa como un hombre.
Creo que la realidad ha sobrepasado el límite
de lo que fuera entonces mi apreciación. Las mujeres
compiten hoy a niveles que sobrepasan los que jugaban los
hombres durante la época en que tomaban dichas decisiones.
Yo competí en las Olimpiadas de 1960, en natación.
Una de las carreras más emocionantes que tuvieran
lugar en natación, en 1960, era el nado libre sobre
400 metros. El legendario australiano Murray Rose ganó
esa carrera de táctica en un tiempo récord
de 4:15 minutos. Hoy día, las chicas son mucho más
veloces en los 400 metros y casi en la carrera de 800 metros.
De modo, que las mujeres han llegado a todos los campos
de juego. No necesitan más que su desempeño
para su promoción; ya no tienen que convencer a nadie.
Se han colocado ante la nariz del mundo entero.
En cambio, donde las mujeres tienen que hacer
valer su presencia, es en las salas donde se reúnen
los consejos o juntas directivas.
Y es precisamente ahí donde comienza
la planificación mercadotécnica. Por más
extraño que parezca, no es con los que están
arraigados al poder, que exceden en numero de hombres, con
quienes hay que cerrar la primera "venta". Es
con las propias mujeres. Se necesita elevar el nivel de
interés que sustente el esfuerzo y que permita romper
con el dique. A nadie se le ha ocurrido jamás protestar
contra los líderes del deporte que andan tras la
gente correteándola para que consigan partir en dos
al átomo. Sin embrago, hay que invertir muchísimo
tiempo y esfuerzo para penetrar en los organismos deportivos
y las mujeres deben convencerse entre sí de que la
inversión bien merece la pena. El hecho es que muy
pocos organismos comienzan a trabajar por la base, sin darse
cuenta de que cuando se comienza por la cúspide disminuyen
las oportunidades de ejercer influencia para crear políticas.
Si desean marcar su influencia en la evolución, es
importante visualizar los canales y acercarse a las personas
que logran tales cambios.
Asumiendo que se ha hecho una venta "interna",
la siguiente etapa mercadotécnica consiste en colocarse
para añadirle valor al organismo. Desde luego, eso
varía conforme a la índole de organismo y
al interés personal de cada individuo. De manera
general, se trata de ponerse al servicio de comités,
cuya identidad e importancia corresponde con la categoría
de la organización. En algunos casos, se trata de
comités técnicos, en otros de comités
de planificación estratégica, de mercadotecnia,
de financiamiento, o de comités dedicados a la comunicación.
Colocarse es cuestión de juicio o de circunstancia
fortuita.
Cuando se llega a ese punto, comienza el
mercadeo con todo el ahínco por delante. En la mayoría
de los organismos se aplica la regla 90-10, lo cual significa
que 90 % del trabajo es ejecutado por 10 % de los que lo
integran. Casi siempre se puede uno intercalar en ese 10
%. No se necesita entrar como presidente de un comité
para dirigirlo eficazmente. Cuando se tiene la mano puesta
sobre la redacción de las minutas controla uno el
trabajo del comité. El control ejercido es un control
editorial de producto del trabajo, ya que todo mundo debe
responder a la edición provisional de las minutas.
(Al final de los años 60, cuando fui secretario de
la asociación Olímpica de Canadá, así
era antes, solía decir que en tanto pudiera ser yo
el responsable de las minutas de las reuniones, no importaba
si llegaba o no a ser presidente.) Ofrézcanse ustedes
como porta voz voluntario del comité o del proyecto
que les interesa y concéntrense en escribir bien
sin olvidar nada ni a nadie. Al principio, puede ser que
la organización no sepa valorar al responsable del
buen trabajo, pero lo que es miembros del comité,
eso sí, de ello rendirá informe la red informal
de comunicación que se desprende de todo organismo.
Volverse indispensable y darse a conocer como la persona
"que puede lograr que se hagan las cosas" no toma
tanto tiempo como pudiera creerse.
Un buen consejo que doy no sólo a
las mujeres, sino en general a toda persona que espera colocarse
en una organización, es encontrar el "nicho
comercial" desde donde comenzar su ascenso. En Canadá
tenemos un buen ejemplo con la finada Carol Anne Letheren.
Comenzó su oficio como gimnasta y utilizó
esa experiencia para entrar como directora en la junta directiva
del comité Olímpico nacional. Realmente penetró
cuando fungía como jefe de misión del equipo
Olímpico canadiense en 1988 al manejar la crisis
Ben Johnson. Lo hizo de manera tan eficaz que cuando el
presidente del CON renunció a los dos años,
se volvió presidenta del comité y la cooptaron
en calidad de miembro del COI. Ella bien sabía que
si quería dejar su huella en el COI, debía
optar por algo que se alejara de lo que yo entonces hacía
en ese terreno, conocía mi perfil mercadotécnico.
Eligió dedicarse a la cartera sobre la educación
y se volvió vicepresidenta de la Comisión
sobre la Educación y hubiera llegado a Presidenta
de esa comisión si el año pasado la muerte
no se lo hubiera impedido. Anita De Frantz ha hecho algo
muy parecido con la cartera atlética y, más
recientemente con la cartera del deporte femenil. Charmaine
Crooks se ha dedicado a representar atletas en varias comisiones
y de manera muy eficaz.
Es inmensurable la ayuda que presta fungir
dentro de un sistema colegial, fuera de las salas de reunión,
ya que es impresionante el pequeño número
de decisiones que en realidad se toman con toda formalidad
durante las juntas, sobretodo cuando el grupo que controla
ha decidido las decisiones que serán tomadas antes
de iniciada la reunión. Para tener influencia es
necesario estar presente cuando se está formando
un consenso. En las organizaciones nacionales canadienses,
es muy importante hablar las dos lenguas oficiales; en las
organizaciones internacionales dos lenguas apenas alcanzan
para distinguirse. Les aconsejo escribir sus tarjetas postales
durante las juntas, y no durante las pausas, ni las comidas,
ni las recepciones.
La buena mercadotecnia nos es cosa del otro
mundo. Aunque no se le pueden pedir peras al olmo, lo que
sí hace es asegurarse de comunicar las cualidades
de un producto, persona o empresa a aquellos a quienes esto
importa y en la manera en que cauce el efecto deseado. El
efecto deseado es aumentar el conocimiento sobre las aptitudes
y habilidad y con ello crear buena impresión. Para
crear ese tipo de conocimiento o sensibilización,
es importante estar presente y generar el modo de compartir
esas competencias. Como supuestamente lo dijo antes el sabio
Merlín en una novela histórica: "Los
que quieran hacerse notar por los dioses, que se coloquen
primero en su camino".
Ningún problema mercadotécnico
se resuelve en milésimos de segundo. Toma tiempo
cambiar actitudes. Recuerdo el tiempo que tomó aceptar
a mujeres en leyes, mi profesión. Aún cuando
ya hacía tiempo que las abogadas habían demostrado
en las facultades de derecho que mínimo eran tan
buenas como los estudiantes hombres, seguían habiendo
reservas para contratarlas profesionalmente. Había
mucho raciocinio pero no se llegaba a más; no existía
razón alguna para darles trabajo. Como quiera que
sea, tomó más de lo debido, unos veinte años,
para que las mujeres penetraran y que luego pudieran izarse
hasta llegar a las cumbres de la profesión. La valla
más alta que permanece, en derecho como en deporte,
es el grado de responsabilidad desproporcionado que asumen
las mujeres (o que se les echa encima) en la educación
de sus hijos. No me viene en mente ningún segmento
de la sociedad que haya logrado resolver este problema.
Recuerdo la observación que hiciera
Françoise Giroud quien dijo que la "igualdad
entre los sexos llegará el día en que las
mujeres mediocres pudieran ocupar altos puestos".
El COI ha establecido orientaciones con respecto
a la aceptación de mujeres en puestos administrativos
del deporte. Confieso mi ambivalencia ante las "cuotas
de aceptación" dictadas. Calculo que el valor
atribuido al asunto se mantendrá poco tiempo ya que
las cuotas son arma de doble filo; pueden ser tan positivas
como insultantes. No creo que haya muchas mujeres que quieran
colocarse en un puesto tan sólo porque, como mujeres,
los reglamentos les dan derecho a ocupar un porcentaje de
plazas. Es una manera trivial de considerar su capacidad.
Además, por tratarse de cuotas, cabe el riesgo de
que la organización se engañe a sí
misma hasta el punto de creer que al llenar las cuotas queda
"resuelto" el problema entre los sexos, impidiendo
con ello ver más allá del cumplimiento técnico
con respecto a un reglamento que no surge de las propias
instituciones, y que les ha sido impuesto. En cambio, lo
que debe haber es una aceptación del indudable hecho
de que toda mujer es en cada uno de sus componentes igual
al hombre cuando está en las salas donde se reúnen
los comités, y que pueden ofrecer lo mismo que sus
compañeros hombres. Las cuotas son la antítesis
de la mercadotecnia; son lo mismo que los obstáculos
arancelarios a la liberación de mercados.
En su calidad de mujeres, el producto que se trata de colocar
es su competencia, juicio, energía y entusiasmo.
Además, brindan ustedes una manera más general
de llegar a decisiones que se toman en virtud a consensos,
lo cual puede ser muy válido en organismos internacionales
donde tantas perspectivas, culturas y tradiciones deben
moldearse en acciones concertadas. El producto es bueno
y por ahí andan hay "compradores" de ese
tipo de producto, incluso cuando tienen el infeliz hábito
de vestirse con blazer y fumar puros. Lo único que
pasa es que tal vez ignoran que son compradores.
Es así esto de la mercadotecnia .
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